¿Cuántas veces recurrimos a las redes sociales para conocer la actualidad? ¿Nunca te has preguntado si la información que lees está sesgada?

 

Antes que nada, tenemos que conocer qué es un algoritmo y su manera de operar en nuestras vidas.

 

¿Qué es un algoritmo?

 

Imagina que tienes una receta de cocina con todos los pasos a seguir. Si te saltas alguno de ellos o los reordenas, seguramente no obtengas el resultado final que deseas. Pues un algoritmo trabaja de una manera similar.

Se trata de una cadena de instrucciones, que, aplicadas de manera ordenada, nos proporcionan un resultado determinado.

Dos de los algoritmos más importantes, son el de Google y el de Facebook.

En el caso de Google, el algoritmo determina el orden en el que se nos va a presentar la información.

El de Facebook, determina los contenidos que se nos muestran en el espacio más frecuentado. El orden y el contenido que se nos va a mostrar dependerá de parámetros personales que Facebook nos a reconocido.

 

 

Adiós a la opinión personal

 

Este tipo de algoritmos tiene la capacidad de conocer cuales son nuestros prejuicios o pensamientos profundos. Acorde a ello, nos presenta un contenido personalizado que incluye el problema de no discriminar contenido falso o hiriente.

El efecto que tiene es el de alimentar esos prejuicios, convirtiéndolos en ideales compactos que en su mayoría se alejan de la realidad. De esta manera, el usuario obtiene una idea de la opinión pública que en muchos casos se aleja de la realidad.

Pensamos, o queremos pensar, que la información mostrada es objetiva y ha sido contrastada. Pero nos equivocamos. Quizás sea la necesidad de leer lo que queremos es lo que nos termina por cegar.

 

¿Por qué razón es un debate de actualidad, si la Revolución Digital comenzó hace años?

 

El motivo es el progreso de su aliado, el Big Data. Su función principal es nutrir de información a los algoritmos. Actualmente, es capaz de procesar enormes cantidades de datos sobre nuestros gustos o tendencias. Esto nos convierte en un blanco fácil para las empresas de marketing o incluso medios de prensa, ya que podrán persuadirnos atacando a nuestros puntos débiles.

Hace tiempo que varias entidades, gobiernos o artículos de opinión nos están alertando de los peligros que tienen los algoritmos.

Una de las personas más relevantes del mundo, como es Angela Merkel, ya transmitió su preocupación por este tema aludiendo que “estos algoritmos, cuando no son transparentes, pueden dar lugar a una distorsión de las percepciones y estrechar la información”.

Además, hizo un llamamiento a las diferentes plataformas digitales para que sacaran a la luz el verdadero funcionamiento de los algoritmos. De este modo, cada individuo puede tener conciencia de si está siendo condicionado.

Es obvio que el uso que se hace del algoritmo no siempre es en detrimento del ciudadano. Existen cantidad de empresas tecnológicas que lo utilizan para ofrecernos beneficios en materia educacional, de salud o sostenibilidad.

Un ejemplo puede ser la empresa de inteligencia artificial Zitu. Esta empresa reduce a 2 o 3 segundos la realización de un análisis médico y su correspondiente informe mediante un algoritmo.

 

Conclusión

 

Es cierto que el algoritmo tiene grandes ventajas que nos hacen la vida más fácil. Por ejemplo, nos permiten obtener la máxima información posible, trabajar de manera ordenada, o facilitar la resolución de los problemas.

No obstante, amenaza con guiar nuestra vida y vetar el desarrollo de una opinión personal. Convirtiéndonos en ovejas que siguen una opinión pública irreal.

Triunfa el populismo, y se desmorona una sociedad en la que siguen surgiendo movimientos xenófobos o homófobos.

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